Hipatia según Rafael, La escuela de Atenas (detalle).
Hipatia, la bibliotecaria de Alejandría, tiene como conocimiento previo (
ciencia normal) a la teoría geocéntrica de los antiguos griegos, “perfeccionada” por Ptolomeo. Sin embargo, ella es consciente de ciertas
anomalías que ese
paradigma no puede explicar, sobre todo el movimiento del sol y de las errantes, que era como se llamaba a los planetas, ya que, si bien se creía que la Tierra era centro del universo, estos no guardaban la perfección circular en su movimiento orbital. Es precisamente a través de la
duda que ella llega a cuestionar lo que recibió de su
comunidad de conocimiento (los matemáticos y astrónomos) y se va dando cuenta que lo que se asumía como
verdad absoluta era en realidad una
teoría poco
sólida para dar
explicación al funcionamiento del cosmos. Así habría ido concibiendo la mayor plausibilidad de la teoría heliocéntrica (
ciencia extraordinaria) que Aristarco postuló sin
pruebas, la cual sostenía que
el extraño comportamiento de las errantes no sería más que una ilusión óptica fruto de nuestro desplazamiento con el de ellas, siendo que todos los planetas girarían alrededor del sol y éste sería el centro. Entonces Hipatia se plantea la siguiente
hipótesis: “si la Tierra se moviera, al soltar un objeto, éste caería detrás de los otros, el viento siempre soplaría en contra y las aves se desorientarían al volar”. En un primer momento, esto tiene sentido pues sería como soltar algo y que el piso inferior sea arrastrado; al caer, ocuparía lógicamente una ubicación diferente. Esta es una primera
deducción hecha según la
razón, pero más adelante se demuestra
empíricamente el error de este razonamiento deductivo.
Para verificar esa hipótesis, Hipatia concibe una experimentación (va siguiendo los pasos del método científico): suelta un saco de arena desde el mástil de un barco en movimiento. Así ella comprueba que, a pesar de que es indudable que el barco se mueve, el saco no cae más atrás, sino en un lugar tal como si el barco estuviese en reposo. Esto lo relaciona con el movimiento de la Tierra, ya que ésta podría estarse moviendo pero al estar nosotros sobre ella no podríamos percibirlo. De allí se desprenden otros supuestos en la medida en que vayan encajando sin anomalías, como que el sol es el centro del sistema.
En la película se puede apreciar cómo, a nivel personal, la percepción la lleva a cuestionar sus creencias básicas como astrónoma (actor del conocimiento). Por ejemplo, cuando se pregunta por qué el sol cambia su tamaño respecto al verano o invierno. La razón le dice que tal vez porque a veces está más cerca y a veces más lejos, pero eso no es coherente con la idea de que los movimientos de los astros son circulares (que es una creencia nuclear). Así va entrando en una crisis epistemológica, lo cual significa que sus creencias previas ya no pueden sostenerse pero aún no logra reemplazarlas satisfactoriamente. A partir de ello, intuye que quizá “no nos movemos en círculos”. La duda, la crítica a la que se ha sometido a esa creencia nuclear (que tiene un trasfondo religioso), ha abierto la posibilidad de interpretar creativamente las creencias antes ignoradas. Ella supone que posiblemente ese no sea el movimiento en que giran los planetas. A partir de ello, replantea sus otras creencias periféricas; abre la mente a diversas opciones que puedan surgir.
Tras relacionar la distancia del sol respecto a la Tierra según las estaciones con la órbita de la Tierra (siendo el sol su centro), llega a otra anomalía: el sol tendría que ocupar dos lugares a la vez (dos centros), y eso es absurdo porque sólo hay un sol. Planteando que el centro de un círculo está siempre a la misma distancia del perímetro (conocimiento previo), no encontraba solución (aporía). Finalmente, a partir de sus conocimientos matemáticos,
intuye la posibilidad de estar viendo como círculo lo que sería una elipse, al ver el cono de Apolonio, y
deduce que si se divide el centro en dos y se mantiene constante que la suma de sus distancias respecto al perímetro (de cada uno de los dos centros) sea igual a la distancia entre estos mismos, al aplicar ello al movimiento que sigue la Tierra alrededor del Sol, no formaría un círculo sino una elipse, cuyos focos se han acercado tanto que parecen uno solo. Así comprueba la hipótesis según la teoría de Aristarco, replanteando además la idea del movimiento circular por uno elíptico.
En la película Hipatia cuestiona y refuta lo que conoce para adquirir nuevos conocimientos según las observaciones que realiza y con el uso constante de su razón, con la que logra tener un nuevo panorama. Como ella misma afirma, en contraste con la creencia de su ex-alumno que se ha vuelto obispo: “Tú no cuestionas lo que crees, no puedes; yo debo”.