¿Qué relaciones hay entre la apariencia y la realidad en una representación teatral a partir de Madre Coraje y sus hijos de Bertolt Brecht?
Durante el desarrollo de una obra teatral se requiere, por así decirlo, la participación de la mentira en la misma, puesto que, aunque se denuncien verdades que van directamente relacionadas con la sociedad, se representan relatos que son en sí mismos ficticios y en los que los actores sólo simulan participar.
Al momento de la representación, las personas que actúan recitan oraciones de un guión acompañadas por reacciones corporales y de otros elementos que permiten darle credibilidad a lo que sucede. Las acciones realizadas permiten el desenvolvimiento de un ‘carácter’ y ‘personalidad’ no necesariamente propias del actor, las cuales pueden incitar en el público (como actores de conocimiento) una orientación subjetiva hacia unos u otros significados, los cuales, al buscar el crecimiento del mismo, logran desarrollar una catarsis completa.
Durante la mencionada representación se deja de lado a la objetividad. No obstante, también se puede hacer referencia al hecho de que el espectador se quede pasmado con la representación, la cual en Madre Coraje rompe la catarsis por el efecto de distanciamiento (creado por el mismo Brecht), cuyo objetivo es hacerle volver a la objetividad de la realidad pero habiendo ganado una distancia crítica.
Aquel es el punto de quiebre entre la realidad y la actuación, en el cual el actor del conocimiento deja de lado los ideales de cada personaje para centrarse en la realidad del mundo; es decir, no la falsedad antes mencionada, sino la vida cotidiana tal como es, la penosa realidad de las cosas. Esto se ve plasmado cuando Madre Coraje ensalza a la guerra dado que dicha situación le beneficia a ella y a sus hijos. Al contrario de la identificación que puede o no darse con aquella idea durante la catarsis, al producirse una explosión, canción u otra manifestación del efecto de distanciamiento, el público (actor del conocimiento) se da cuenta de la codicia que rodea a aquellas afirmaciones y del daño que le hace la guerra.
Además de ello, en repetidas ocasiones se muestra el egoísmo implícito del que se suele valer con argumentos que según las circunstancias podrían parecer razonables. Un ejemplo de ello es el cuadro en el cual Madre Coraje, su hija y el Capellán encuentran a unos labriegos heridos que no paraban de sangrar. Su única necesidad era un poco de tela, pero ya se les había acabado las vendas y Madre Coraje no quería usar sus camisas para ayudarlos puesto que pasaban por malos tiempos.
Con la interrupción de la catarsis, la objetividad se muestra y la realidad humana deja de escondérsele al espectador; más aún cuando Catalina se sube a las butacas cruza la platea, dejando en claro que, aunque sea una actuación, no está desvinculado de la realidad del espectador; es decir, estos males representados quedan en claro ante el actor de conocimiento como "reales".
Esta es, pues, la complejidad del teatro de Brecht, en donde las verdades del hombre y de la sociedad en la que vive son expuestas mediante una mentira (apariencia), entre cuyos decires el actor del conocimiento se ve abrumado por la intensidad con que la realidad se enfrenta al que la ignora.
Ramiro Rojas González
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